TTIP: una amenaza para el bienestar

By in Economía, Pau Vall, Política on 3 septiembre, 2014

Bajo las impronunciables siglas de TTIP esconde una de las iniciativas que marcarán buena parte de la agenda política de la Unión Europea (UE) en esta legislatura que acabamos de estrenar. Pero, ¿qué es el TTIP? Si no lo sabéis no os preocupéis, es normal porque prácticamente nadie habla de ello en los medios. TTIP son las siglas en inglés de Transatlantic Trade and Investment Partnership, que es como se conoce el tratado de libre comercio que están negociando actualmente la UE y los Estados Unidos de América (EE.UU.).

Este tratado se lleva gestando en la sombra desde la década de los 90′, cuando se crearon grupos de trabajo con la presencia de empresarios provenientes de ambas orillas del Atlántico. Sin embargo, no fue hasta 2011 que un grupo de expertos de alto nivel de la Comisión Europea y de la Administración Obama elaboró ​​una serie de estudios prospectivos sobre el futuro del comercio transatlántico. Los resultados de estos informes pusieron las bases de las actuales negociaciones del TTIP y permitieron el inicio de conversaciones formales.

¿Cuáles son los objetivos que se persiguen con la firma de este tratado? Pues en principio son 3.

  1. El primero tiene que ver con el acceso al mercado. Si se firmase el acuerdo las empresas europeas podrían acceder sin costes adicionales al mercado de EE.UU. y viceversa. Básicamente lo que se busca es reducir los aranceles que todavía gravan el intercambio de bienes y servicios entre estos dos territorios.
  2. El segundo, y este es el quid de la cuestión, tiene que ver con la convergencia y armonización de regulaciones y estándares. Es decir, el tratado debería permitir que todos los productos aptos para la comercialización en los EE.UU. también se pudieran vender a la UE, sin tener que adaptar los productos en función del mercado en el que se comercialicen.
  3. El tercero tiene que ver con el hecho de que un tratado de esta magnitud permitiría a la UE y EEUU sentar precedentes en el comercio mundial. Este acuerdo implicaría la mayor parte de los productores y consumidores mundiales, hecho que obligaría al resto de países del mundo a adaptarse a las normas que establezcan a partir del tratado.

El punto clave, sin embargo, radica en la igualación de normas y estándares. ¿Por qué? Porque hoy en día las principales barreras comerciales son no arancelarias y, de hecho, los aranceles para vender productos de la UE en los EE.UU. ya son muy bajos y suponen un coste fácilmente asumible para las empresas. La principal barrera comercial la encontramos en la adaptación del producto a unos estándares u otros en función del lugar de comercialización. (Estudios de la UE han equiparado la diferencia en los estándares a unos aranceles de entre un 10 y un 20%.) La cuestión que surge entonces es cómo se elimina la barrera que supone tener diferentes regulaciones. Aquí es donde realmente empiezan las diferencias, ya que a ambos lados del Atlántico los procesos para adoptar regulaciones se basan en tradiciones claramente diferenciadas.

Mientras los EE.UU. querrían que la UE adoptara su proceso regulador, con mayor transparencia y deliberación durante el proceso legislativo, la UE preferiría optar por mecanismos de cooperación y reconocimiento bilateral de estándares. Es decir, por un lado, EEUU quiere homogeneizar el proceso por el que se adoptan los estándares y hacerlos de forma paralela para que sean iguales en los dos territorios. Por su parte, la UE se conformaría asumiendo que las regulaciones de EE.UU. que cumplieran unos requisitos mínimos (acordados en el TTIP, se supone) serían automáticamente homologables en territorio europeo. Al fin y al cabo, la controversia deriva de las diferentes concepciones a la hora de regular en los EE.UU. y la UE. Mientras la UE tiende a regular de manera preventiva, en EEUU se limita el uso de los productos sólo cuando se ha demostrado que son perjudiciales. De ahí las tensiones y la alarma por parte de varias organizaciones europeas.

Como defendía Raül Romeva en este artículo en el Diari Ara, hay una preocupación creciente sobre los efectos que puede tener el TTIP en el día a día de los ciudadanos europeos. Bajo la apariencia de un tratado comercial, parece que se nos quiere colar un gol por toda la escuadra en los niveles de bienestar y seguridad (alimentaria, ambiental, de consumo, etc.). Es muy sospechoso que las negociaciones se estén llevando a cabo de forma tan opaca, sin que se pueda saber exactamente qué se negocia y en qué términos. De momento, sin embargo, las pistas que tenemos es que los elevados estándares europeos, que tanto ha costado conseguir, muy probablemente serán rebajados en detrimento de los derechos de los usuarios y consumidores. ¿Por qué lo sospechamos? Porque en estas negociaciones algunos sectores clave han quedado excluidos por miedo a estas rebajas de estándares. Así, el gobierno de EE.UU. eliminó de la mesa de negociación el sector financiero porque después de la Gran Recesión la regulación de este sector es mucho más estricta que en Europa y no quieren perder el control sobre este sector clave. Queda bastante claro, por lo tanto, que en Europa se corre el peligro de rebajar la exigencia en buena parte de los estándares de los sectores que formen parte de la negociación del TTIP.

Seguro que seguiremos oyendo noticias sobre el TTIP y habrá que estar atentos porque de este acuerdo dependerán buena parte de nuestras condiciones de vida futuras. Entre Washington y Bruselas se decidirá en los próximos meses cómo será el entorno en que viviremos en el futuro. Habrá que seguir atentos a las conversaciones y tratar de evitar encajar un gol que sería difícilmente reversible.

 

 
AUTOR DEL ARTÍCULO:

Pau Vall

 

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