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Sin perder de vista los orígenes

By in Berta Mediano, Cultura on 24 marzo, 2015

La contribución que una Europa organizada y viva puede aportar a la civilización es indispensable para el mantenimiento de unas relaciones pacíficas. […]

»Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho. La agrupación de las naciones europeas exige que la oposición secular entre Francia y Alemania quede superada, por lo que la acción emprendida debe afectar en primer lugar a Francia y Alemania. […]

»La puesta en común de las producciones de carbón y de acero garantizará inmediatamente la creación de bases comunes de desarrollo económico, primera etapa de la federación europea, y cambiará el destino de esas regiones, que durante tanto tiempo se han dedicado a la fabricación de armas, de las que ellas mismas han sido las primeras víctimas.

Declaración de Robert Schuman (ministro francés de Asuntos Exteriores), 9 de mayo de 1950.

En general, el relato que impera a la hora de introducir los orígenes de la integración europea empieza con el famoso “Discours de l’Horloge” de Robert Schuman. En plena post-guerra mundial, sitúa la paz y la reconstrucción del continente europeo al centro del relato, y a los líderes europeos como Konrad Adenauer, Winston Churchill, Alcide de Gasperi, Robert Schuman o Jean Monnet como iniciadores indiscutibles del proceso de construcción.

Ahora bien, la integración europea no se originó sólo en plena post-guerra sino en plena Guerra Fría. La guerra que entre 1939-1945 enfrentó a Aliados y Eje, se originó en Europa; así, también desde la obsesión por organizar y controlar Europa, nació el orden mundial de post-Guerra.

En este sentido, los elementos que caracterizan el contexto internacional en los que se ideó y apareció la integración europea son claros: un mundo bipolar, dividido en dos bloques, uno occidental, dominado por los Estados Unidos, y otro oriental, dominado por la URSS. La OTAN y el Plan Marshall acogieron a los países alineados con el capitalismo; el Pacto de Varsovia y las democracias populares alinearon a los satélites comunistas. En este contexto, Alemania (y Berlín) se encontraron en el centro del antagonismo, nuevas fronteras se dibujaron resquebrajando su territorio, y las tensiones llegaron hasta puntos insostenibles.

Sin embargo, Alemania no era solo un mero escenario pasivo de la Guerra Fría, sino la clave de la reconstrucción europea de post-Guerra. Es innegable que el principal y primordial objetivo de la integración, sea el establecimiento de la paz europea a través de la reconciliación franco-alemana. Al final de la Segunda Guerra Mundial, Alemania, aunque arrasada y ocupada, inspiraba entre los Aliados el temor a un nuevo resurgimiento del nazismo o de cualquier otro tipo de venganza alemana. Había que encuadrarla, y cada bloque lo hizo a su manera.

En plena Guerra Fría, la URSS convirtió la RDA en uno de sus satélites. Por su lado, los Estados Unidos jugaron el rol de principal promotor de la integración europea, permitiendo a Francia asociarse y controlar la producción alemana del carbón y del acero bajo una Alta Autoridad común. De esta forma, no solo se empezó a ejercer el control sobre las materias primas para hacer la guerra, sino que se obligó a reconocer la RFA a Francia, integrándola en el nuevo sistema internacional y previniendo errores pasados. Más allá de edificar una nueva fraternidad europea, se trataba de normalizar a la RFA, y de construir un robusto aliado occidental capaz de frenar al comunismo y de contener al obsesivo efecto dominó.

Ahora, ¿se está planteando que sin el impulso de los Estados Unidos en su interés por construir un sólido bloque occidental en el contexto de Guerra Fría y de tensiones Este-Oeste, la integración europea no hubiera tenido lugar? La respuesta es: no, los planes de Schumann y Monet eran verdaderos, y no se niega que fueron los grandes fundadores de la Unión Europea en nombre de la paz y la democracia, pero en este relato no se pueden obviar intereses claros y equilibrios geoestratégicos, sobretodo americanos y franceses de post-Guerra Mundial y de Guerra Fría.

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Berta Mediano


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