¿Qué significa ser europeo?

También [Versión en Inglés]

En mi último año de bachillerato, tuve la oportunidad de pasar un año en los Estados Unidos. Una de las cosas que más echo de menos de aquel período es una clase de inglés a la que iba.

Y la comida mexicana.

Y a la gente que conocí.

Pero también esa clase de inglés.

Veréis, cada pocas semanas teníamos que entregar un ensayo y después, tras la corrección y mejora de varios borradores por parte de los demás compañeros de clase, hacíamos la entrega final. Era el famoso sistema de “revisión de iguales” de la escuela, y generalmente permitía que, durante al menos tres semanas, trabajases en tu ensayo de forma que, al final, al entregarlo, habías formado una relación especial con él y se te hacía algo triste dejarlo. A veces el tema era un rollo, o a veces tu forma de escribir era un rollo, y entonces sentías gran alivio al acabar de una vez, pero en algunas ocasiones era triste de verdad.

Mi primer encargo consistió en resolver una pregunta capital: ¿Qué significa ser estadounidense? Recuerdo que cuando nuestro profesor nos dio el tema, me sonrió y yo pensé que tal vez me permitiría escribir sobre alguna otra cosa, pero era de la opinión de que mi perspectiva extranjera podría aportar algo al debate. Lo pasé muy mal con el ensayo durante semanas y, al final de la revisión de iguales, mi ensayo continuaba lleno de clichés cursis y vacío de una tesis verdadera. Pero mis habilidades de redacción del instituto no son lo que he venido a discutir aquí.

Lo que he venido a discutir es que todos pensamos en lo que significaba ser estadounidense. Pensamos y mucho. Lo debatimos y lo discutimos. Algunos pensaban que tenía que ver con la filosofía y con las ideas en base a las cuales se habían fundado los Estados Unidos, otros que no era más que el resultado de un proceso histórico, sin ningún significado substancial, mientras que otros pensaban que la definición de lo que es americano cambiaba periódicamente y siempre quedaba sujeta a diversas interpretaciones.

Cuando ahora pienso en aquellos días, creo que el hecho de que estuviésemos teniendo esa discusión era lo más americano de todo. ¿Quién, sino ellos, hace ese tipo de cosas?

Decididamente, no hemos llevado a cabo un proceso similar en la UE, y creo que ahora estamos pagando el precio por ello. Nos hemos centrado tanto en la praxis, en la implementación de medidas concretas en las que todos estuviésemos de acuerdo –mercado único, libre circulación de personas, moneda común-, que no dimos mucha importancia a todo lo que había detrás, a lo que le daba significado. Hemos pospuesto las grandes preguntas, hemos aplazado nuestro deber de definir la destinación de este viaje y, a menudo, hemos delegado estas responsabilidades en los Estados miembros. Probablemente actuásemos de buena fe, pensando que parar para establecer estas definiciones era arriesgado en su momento, que podía poner en duda el proceso de integración, que ya habría tiempo en el futuro. Bueno, creo que nos acercamos a la fecha límite.

Malta recientemente aprobó una medida llamada Dinero por Ciudadanía. No me gusta la iniciativa, pero el nombre es honesto y directo, eso se lo reconozco. Todo aquel que pueda permitirse pagar 1,15 millones de euros puede convertirse en ciudadano de la pequeña isla-estado.

Y dado que, de acuerdo con los tratados de la UE, ser nacional de un Estado miembro automáticamente concede la ciudadanía europea –y todos los derechos que ello conlleva, en particular la posibilidad de residir en cualquier lugar de la UE-, finalmente hemos hallado la respuesta a la pregunta con la que he empezado esta entrada: aparentemente hoy, ser europeo significa tener a la disposición 1,15 millones de euros en efectivo.

Estoy cabreado. Estoy muy enfadado con el gobierno maltés por usar un vacío legal para engañar a todos sus amigos y aliados por obtener algo de dinero de fuentes de dudable reputación. No creo que nos lo merezcamos. Creo que es una medida cortoplacista e ineficiente y sólo puedo esperar que sea derogada pronto.

Pero estoy todavía más enfadado con nosotros, con la UE, por permitir que esto ocurriera. En el momento en el que se creó la ciudadanía europea, ¿nadie pensó en unificar los criterios por los cuales los Estados miembros otorgan la nacionalidad a sus ciudadanos? ¿No podríamos, al menos, habernos puesto de acuerdo en algunos estándares para evitar el abuso y la explotación de los derechos provistos por los tratados? ¿De verdad fuimos tan ingenuos como para pensar que los Estados miembros nunca abusarían de sus competencias, o simplemente fue más cómodo postergar el debate? Tanto la Comisión Europea como el Parlamento han condenado públicamente la iniciativa del Dinero por Ciudadanía. Desgraciadamente, su rechazo, a pesar de las duras palabras en las que se expresó, tiene el mismo peso y poder que esta entrada de blog, dado que la UE no tiene competencias en materia de ciudadanía de los Estados miembros. De nuevo, como nadie pensó en definir lo que significa ser europeo, lo que queríamos que significara, el gobierno de Malta aprovechó la oportunidad para presentar el ensayo en nombre de todos nosotros. Nada de revisión de iguales esta vez.

Desafortunadamente, éste no es más que un ejemplo del muy imperfecto, muy incompleto proceso de integración. Me vienen a la mente otros casos parecidos: una unión monetaria sin una unión fiscal, un área de libre circulación sin un control fronterizo unificado, una Comisión poderosa sin rendimiento de cuentas real ante los ciudadanos.

Cambiemos esta pauta de comportamiento ahora que todavía tenemos la oportunidad de hacerlo. Pensemos mucho acerca de dónde queremos ir y en qué nos queremos convertir. Discutamos entre nosotros y hagamos concesiones allí donde no estemos de acuerdo. Hagamos frente a las preguntas difíciles. Podemos hacerlo mejor y debemos hacerlo mejor. Europeos, ¡empecemos a hablar!

 

 

Sobre el autor:

Guillem Manso García

Guillem Manso García

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *