“Libertad” de voto: ¿más libres?

Contrariamente a lo que se ha venido defendiendo últimamente en la prensa, en nuestro sistema electoral, la libertad de voto de los diputados, lejos de representar una mejora democrática, puede debilitar la rendición de cuentas ante el ciudadano.

A raíz de la votación en el Parlament a favor de pedir al Congreso el traspaso de la competencia para realizar la consulta y de la actuación de los tres diputados “díscolos” del PSC, he decidido escribir este post sobre la libertad de voto de los diputados y la rendición de cuentas. Éste ha sido últimamente un tema recurrente y desde los medios se ha apoyado generalmente la opinión de que los diputados deben votar conforme a sus convicciones personales y no seguir la disciplina de voto. Si bien ésta es una opinión respetable, considero que los politólogos deberíamos ir más allá del debate mediático y coyuntural y aportar un poco de luz al tema, puesto que, aún sin existir  una solución clara, como mínimo sería interesante poner en cuestión estas afirmaciones.

El tema es el siguiente: el 16 de enero el PSC votó en bloque en contra de la aprobación de este acuerdo, excepto tres de sus diputados que votaron por el  sí. Desde el minuto cero se empezó a informar desde el PSC que estos diputados serían sancionados por romper la disciplina de voto, lo que provocó que los medios y los ciudadanos se preguntaran: ¿y por qué un diputado no puede votar aquello en lo que cree? ¿Por qué el diputado debe votar como le viene impuesto por el partido si han sido los ciudadanos quienes lo han elegido?

Para responder a estas cuestiones debemos empezar explicando el sistema electoral español (y catalán, puesto que, a falta de una ley electoral propia nunca consensuada entre los partidos catalanes,  viene a ser el mismo). Sin tener la pretensión de hacer una descripción exhaustiva del mismo, porque básicamente voy escaso de ideas y el sistema electoral es lo bastante complejo e interesante como para extenderme un par de post más, sí que me gustaría comentar/recordar/poner de relieve/sacar a colación a quién votamos en las elecciones. Como sabemos, en nuestro sistema electoral las circunscripciones son plurinominales, es decir, en cada circunscripción hay diversos diputados para ser elegidos. Por ejemplo, de la circunscripción de Barcelona, en las elecciones catalanas, deben surgir 85 diputados. Así pues, cuando vamos a votar, depositamos un voto con una lista de nombres que, en la mayoría de ocasiones, nadie conoce y que han sido elegidos desde el propio partido. Es lo que conocemos como “listas cerradas”: los ciudadanos no eligen a los diputados que van en las listas, sino que han sido elegidos previamente por el partido. Entonces, si el partido “X” consigue un número de votos suficientes como para tener 20 diputados en el Parlament, los 20 primeros de la lista serán los elegidos. Como podemos observar, en nuestro sistema, los ciudadanos no votamos a los diputados, sino a los partidos, y éstos son los que eligen a los diputados que irán al Parlament a través de estas listas. Esto debe quedar claro porque si no mi post no servirá de nada.

¿Por qué me enrollo explicando esto? Porque va estrechamente ligado con la rendición de cuentas, o para ser más guays, el accountability. Como tal entendemos la posibilidad que tiene el votante de premiar o castigar al gobierno, y por ende, también a los partidos políticos. Por poner un ejemplo, si yo voté al PSOE en las elecciones de 2011 pero han tomado algunas decisiones con las que no he estado de acuerdo, no les votaré en las próximas elecciones. En una democracia ideal (no os explicaré la mía porque me podrían encerrar) el elector debería analizar si su partido ha tomado las decisiones correctas durante los últimos cuatro años y entonces votarlo o no en base al resultado de su evaluación personal. Como vemos, cuando se ha respetado la disciplina de voto, el elector obtiene una información fácil de analizar, pues sabe la posición de su partido respecto a las reformas de sanidad, de educación, del mercado laboral o de los recortes presupuestarios.

El problema surge cuando dentro de un mismo partido se manifiestan diferentes posiciones. Volviendo al ejemplo del PSC, vemos que hay socialistas catalanes a favor de pedir la competencia al Congreso para poder realizar la consulta y otros en contra. Para el votante socialista esto es un problema porque no sabrá qué votar en las siguientes elecciones. Imaginemos un votante socialista que está en contra de la consulta. ¿Qué debería votar en las siguientes elecciones? Si todo el PSC hubiera votado en bloque en contra de la consulta este votante lo tendría muy fácil, pues votaría otra vez al PSC. ¿Pero ahora cómo castiga (rendición de cuentas) a los diputados díscolos? Bien, no puede. Estos diputados posiblemente estarán en las listas en las próximas elecciones y el votante no sabrá qué posición tendrá su partido. Así pues, vemos que en los sistemas plurinominales y de listas cerradas no resulta muy útil que los diputados voten diferente de la opinión general del partido, antes al contrario, dificulta de sobremanera la efectiva rendición de cuentas ante la ciudadanía. Paradójicamente, y contrariamente a lo que han venido afirmando los medios durante las últimas semanas, la libertad de voto, lejos de fortalecerlo, puede debilitar el juego democrático.

Este debate se vuelve todavía más confuso cuando comparamos la actuación de los diputados españoles y catalanes con los del Reino Unido (como pretendió hacer, sin demasiado rigor, el pasado 08/01/14 el programa “El Objetivo”, presentado por Ana Pastor). No puedo acabar mi post sin hacer un breve comentario al respecto, ya que no tiene sentido comparar el comportamiento de los diputados dentro de un sistema proporcional con circunscripciones plurinominales y listas cerradas, como el español/catalán, con un sistema mayoritario con circunscripciones (o distritos) uninominales, como el británico

En el Reino Unido no se votan unas listas cerradas, sino directamente al diputado. En cada distrito se presenta un candidato por cada partido y aquel que reciba más votos será el diputado de ese distrito. En este caso sí tiene sentido que el diputado vote en alguna ocasión diferente a la opinión general de su partido, pues se debe a los votantes de su propio distrito y éstos pueden castigarle si votara de manera diferente a lo que prometió. Es decir, en el momento de rendir cuentas, el votante puede castigar o premiar directamente al diputado sin importar que haya votado lo mismo o no que su partido. Acostumbrados como estamos a un sistema de listas cerradas y bloqueadas, este sistema puede parecer la panacea a todos los problemas democráticos, pero, como veremos en los siguientes post, este sistema electoral también presenta déficits democráticos importantes, como su total falta de proporcionalidad, a los que, sin embargo, El Objetivo no creyó oportuno hacer referencia

No tengo una solución mágica para este problema y, como buen politólogo, así lo reconozco. Simplemente he querido apuntar que pedir la libertad de voto de los diputados dentro de nuestro sistema electoral puede traer problemas de accountability. Si queremos un sistema en el que los diputados tengan más libertad para votar lo que ellos creen y no lo que les diga su partido, deberemos optar por otros sistemas electorales, pero como ya he apuntado y explicaré en futuras entradas, éstos presentarán otras problemáticas a tener en cuenta.

 

Sobre el autor:

Rubén García


Rubén García Carmona

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