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La poética de la corbata

El traje masculino culminado con una corbata ha sido tradicionalmente la forma de vestir de los banqueros y un distintivo de confianza. Un banquero tiene que generar confianza al cliente para que este acceda a dejarle su dinero. A finales del siglo XIX, como explica Carlos Primo, este tipo de vestir pasó a ser también el de los políticos: se cambiaba la pomposidad aristocrática por la nueva elegancia burguesa. Con la llegada de la crisis económica, la corbata ha ido perdiendo su simbolismo de confianza. La gente de la calle ha visto como sus ahorros invertidos en las preferentes que les recomendaban los banqueros se habían evaporado, como cada vez más hombres encorbatados pasaban por los juzgados e ingresaban en prisión. Políticos como Carlos Fabra y Luis Bárcenas; y banqueros, como Emilio Botín, con su corbata roja, investigado por fraude fiscal. No sólo en España, también en Europa las corbatas francesas de Strauss-Kahn y las italianas de Berlusconi han pasado por los juzgados. Y estos son solo algunos ejemplos. Así, la corbata ha ido cambiando progresivamente su significación; de complemento que denota confianza a pieza que recuerda su origen burgués y que actúa como máscara de la hipocresía del avaro.

En el documental Ciutat Morta se reflexiona también alrededor de la imagen. El caso 4F aportó expresiones como “estética okupa” que atacaban directamente la gente que no seguía la convención social en la forma de vestir o de llevar el peinado. Gente con rastas, piercings, con parte de la cabeza rapada a cuadros como un tablero de ajedrez, etc. En el documental, el periodista Gregorio Morán dice que “lo más peligroso es un señor que viste con corbata, ese sí que es un ladrón de verdad”. Esta sentencia es de algún modo también la tesis de este artículo: el cambio en el siglo XXI de la poética de la corbata. Por eso la corbata está pasando a ser el símbolo de la vieja política, mientras que los nuevos movimientos políticos, impulsados por la crisis o surgidos directamente de esta, la han ido dejando de banda. En Cataluña, los políticos de las CUP acostumbran a vestir con camisetas o jerséis en el Parlamento; Joan Herrera, de ICV-EUiA, viste camisa y americana, y la corbata que todavía llevaba su antecesor Joan Saura ha desaparecido de su armario; Oriol Junqueras también la ha ido desplazando del vestuario de ERC. A nivel español, los reyes de la informalidad son, hoy por hoy, Podemos: Pablo Iglesias no usa ni corbata ni americana, sino camisa y tejanos. Pero los presidentes continúan utilizando la corbata.

No es el caso de Alexis Tsipras, el nuevo primer ministro griego que gobierna sin corbata. Él y su cada vez más famoso ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, han viajado estos días por Europa para explicar a los primeros ministros de otros países y a las instituciones europeas su posición en cuanto a la deuda de Grecia, que quieren renegociar con la Unión Europea. Durante la visita a Roma de Tsipras, el primer ministro italiano, Matteo Renzi, en un gesto divertido, le regaló una corbata italiana, y el griego dijo que se la pondría cuando se solucionara la crisis de su país y de Europa. La editora de moda del The New York Times, Vanessa Friedman, cita al mismo Tsipras en una entrevista, cuando dice “Creo que si hay algo que la gente aprecia de Syriza y de mí es que no hayamos asumido la mentalidad de los partidos tradicionales y sus normas específicas en la forma de vestir y actuar”. Friedman interpreta el regalo de la corbata de Renzi a Tsipras y el rechazo de este a ponérsela como una forma del primer ministro griego de decir “te seguiré el rollo cuando tú me lo sigas a mí”. La editora del NYT también señala como en una reunión del G8 de 2013, los líderes mundiales pusieron la norma de vestir smart casual, sin corbata, para crear un clima más informal para facilitar las discusiones. Pero este gesto no fue bien visto en las redes sociales. Aun así, Friedman cree que el estilo de Tsipras es creíble porque el líder griego es coherente consigo mismo y ya antes de acceder al poder no vestía corbata. No es una manipulación de cara a la galería, al menos en el caso de Tsipras, si bien los otros miembros del gobierno de Syriza también lo han seguido en su vestimenta, cuando antes algunos de ellos llevaban corbata. A Tsipras le ha gustado siempre llevar el cuello descubierto y no puede ser acusado de haberse sacado la corbata por oportunismo político. A su lado, la otra figura que ha captado el ojo mediático y que amenaza con eclipsar al primer ministro griego en lo que a fama se refiere es su ministro de Finanzas Yanis Varoufakis. Es el nuevo Ulises, el nuevo héroe griego, como se ha dicho, mitad intelectual y mitad guerrero, ante una nueva odisea. Varoufakis no viste traje y a veces cubre sus camisas dejadas por fuera los pantalones con chaquetas o americanas, y saluda a grandes autoridades europeas encajando una mano, mientras guarda la otra en el bolsillo.

La corbata ha sido el símbolo de burguesía, capitalismo y statu quo durante el siglo XX en Occidente. En 1968 se gritaba en París “Non à la Révolution en cravate” (“No a la Revolución en corbata”) y hoy aquellos que buscan alejarse del statu quo también la evitan. Pero hay los que no tienen ni una camisa donde anudarse la corbata: es el caso de Quim Arrufat, de las CUP, en Cataluña. Él opta por el jersey y hace una lectura poco esperanzadora de la situación actual: si bien Syriza y Podemos pueden conseguir que la dictadura de la banca y la Unión Europea, según él, deje atrás el periodo de austeridad para pasar otra vez a las políticas económicas expansionistas, esto no es sino una alternativa que la banca tenía que afrontar tarde o temprano, cuando la austeridad ya no fuera sostenible de cara a la gente y a la política, y cuando la UE se quedara demasiado atrás respecto de otras potencias económicas. Es el paso lógico de la mentalidad capitalista lo que piden Syriza y Podemos, según Arrufat. Y si bien esto puede parar el estado de alarma humanitaria en Europa, habrá eliminado el objetivo de la izquierda de salir de la dictadura del capital y de la banca. Una victoria de la UE. Hoy el statu quo es la corbata, la alternativa dentro del statu quo es la camisa sin corbata y la alternativa fuera del statu quo es el jersey.

Sobre el autor:

Jordi París Domingo

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