Hacia un debate público europeo

 Contra todo pronóstico, parece que serán los partidos de extrema derecha los primeros en tratar la política desde una perspectiva puramente europea.

Hace un par de semanas, Andrea Mammone publicaba en el New York Times un potente editorial titulado “EuropeansUnited, in HatingEurope”, o sea, “Los europeos unidos, en odiar a Europa”. El artículo trataba el extraño fenómeno que se ha producido entre dos partidos de la extrema derecha europea, el Front National francés y el Partijvoor de Vrijheid (Partidos por la Libertad) neerlandés. Sus líderes, Marine le Pen y GeertWilders, se han puesto de acuerdo para formar un grupo paneuropeo cuyo objetivo único sería la destrucción o, al menos, la debilitación de la Unión Europea. Esperan que por primera vez logren formar un grupo parlamentario en el Parlamento Europeo, posiblemente con la ayuda de otros partidos que profesan una ideología similar, como la Lega Nord italiana.

Mammone enfatizaba perspicazmente la paradoja que se vive actualmente en Europa. Aunque esos partidos odien todo lo que la Unión Europea representa, no tienen problema alguno en colaborar con partidos situados más allá de sus fronteras para lograr sus objetivos, mientras que formas parecidas de colaboración son de momento impensables para los partidos mayoritarios. Y lo que es todavía más contradictorio,estos partidos populistas parecen ser los únicos que están creando un verdadero debate político europeo. Mientras tanto, la derecha y la izquierda tradicionales se mantienen calladas ante este constante ataque a las instituciones europeas y se muestran satisfechas consigo mismas simplemente centrándose en problemas nacionales y locales.

Ésta sería una historia triste ocurriera donde ocurriera, pero, en mi opinión, lo que la hace particularmente deplorable es el hecho de que tenga lugar en dos países fundadores de la Unión que, tradicionalmente, han luchado para que la Unión de los países europeos se haga realidad, Francia y los Países Bajos. En Francia, en particular, los sondeos muestran que el Front National sería el vencedor de las elecciones, superando al PS y a la UMP.

Estoy de acuerdo con Mammone cuando declara que es necesario que nos preguntemos por qué la Unión Europea se ha vuelto un objetivo tan atractivo para los ataques de todos esos partidos, y cómo han logrado convencer a la mayoría de los franceses –así como a un buen número de europeos de todas partes- que la UE es la causa de sus problemas. Sin duda, la crisis económica ha sido explotada por la derecha populista, pero creo que sería un error esperar que estos movimientos desaparecieran cuando la situación económica mejore. Es necesario, en cambio, que los ciudadanos europeos sientan que sus opiniones son escuchadas en Europa, que se tienen en cuenta sus demandas.

Mientras que la gente perciba que las decisiones democráticas sólo se toman en sus parlamentos nacionales, mientras que no lleguen a discernir quién es el responsable de las medidas adoptadas en Bruselas, es natural que reclame que el poder vuelva a los Estados, que vuelva “a la gente”.

Por todo ello, la mejora y el fortalecimiento del proceso democrático europeo debe ser la prioridad de todos aquellos que, como nosotros, sigan creyendo que Europa es útil, que Europa es real y, claro está, que Europa es sexy. Y este proceso no puede tener lugar más que bajo el liderazgo de los grandes Estados europeos y, en especial, Francia.

 

 

Sobre el autor:

Guillem Manso García

Guillem Manso García

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