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A vueltas con Parkinson

By in Análisis, Pau Vall, Política on 10 marzo, 2015

Cuando decidimos reiniciar Sexy Europe, todos nos comprometimos a escribir un artículo para estrenar esta segunda versión del blog. Después de días pensando sobre qué podía escribir llegué a una conclusión: tenía que retomar mi primer artículo prácticamente un año después de haberlo escrito. Volvamos, pues, a las teorías de Cyril Northcote Parkinson.

Para quien no lo recuerde, en el artículo original exponía por qué la Comisión Europea está sobredimensionada, ya que C.N. Parkinson afirma que cualquier órgano que sobrepase los 20 miembros pierde su poder ejecutivo real. Esta barrera psicológica de los 20 miembros, conocida con el nombre de coeficiente de ineficiencia de Parkinson, la traspasó la UE con la entrada en la Unión de los países del Este (y las islas) de 2004. La entrada de estos 10 nuevos países supuso la ampliación del colegio de comisarios de 15 a 25 miembros. Este hecho, que aparentemente parece irrelevante, suponía que la Comisión perdía capacidad de maniobra. Según Parkinson, este hecho hacía mucho más complejo el hecho de llegar a acuerdos dentro del principal órgano ejecutivo de la Unión. Desde entonces aún se ha agravado más con la entrada de 3 nuevos comisarios. Por todo esto, en aquel artículo defendía que había que eliminar el requerimiento legal por el que cada Estado Miembro tiene el derecho de elegir uno de los comisarios.

Evidentemente, nadie leyó el articulo y la Comisión Juncker se formó con un Colegio de Comisarios formado por 28 miembros, uno por cada Estado Miembro. Sin embargo, hay qye reconocer que todos ellos pasaron por un loable ejercicio de legitimidad democrática, los conocido como hearings, por los que el Parlamento podía forzar su sustitución por otro candidato (del mismo país, ¡evidentemente!). Sin embargo, Juncker, que es perro viejo en esto de la política, se dio cuenta de que, con 27 ministros y un presidente, la Comisión podía ser un guirigay. Y con este motivo reorganizó el Colegio de Comisarios de un modo que ha pasado bastante desapercibido y, sin darse cuenta (¿o sí?), las directrices de en C.N. Parkinson.

Como se puede ver en el siguiente enlace , Juncker decidió establecer diferencias entre los 7 comisarios-vicepresidentes y los comisarios “rasos”. Aunque la figura de vicepresidente ya existía anteriormente, Juncker los ha convertido en supervisores de los 7 grandes ejes sobre los que quiere edificar su política durante el actual mandato. Así, cada uno de los vicepresidentes se encargará de coordinar los diferentes comisarios que tengan competencias sobre su área de responsabilidad, lo que mejorará la eficiencia y la comunicación entre las diferentes Direcciones Generales.

Más allá de los beneficios en términos de eficiencia que pueda suponer esta medida, esta reordenación tiene implicaciones de un alcance aún mayor. La principal implicación: que quien pasa a ostentar verdaderamente el poder ejecutivo ya no es el Colegio de Comisarios, sino una “subcomisión” formada por sólo 8 personas: Juncker y sus vicepresidentes. De acuerdo con las previsiones de Parkinson, cuando los órganos ejecutivos se hacen demasiado grandes, se crean nuevos órganos más pequeños que son los que toman efectivamente las decisiones. Pues bien, esta “subcomisión” se ha convertido en la “Comisión Europea” de facto.

Un claro ejemplo del cambio que supone esta reordenación lo podemos encontrar en el principal poder que tiene la Comisión: la iniciativa legislativa. Cualquier Directiva o Regulación Europea debe ser propuesta por el Colegio de Comisarios antes de proseguir su proceso legislativo, y generalmente eran los comisarios del ámbito concreto los que hacían la propuesta de iniciar el proceso. Si bien los comisarios “rasos” no han perdido formalmente este poder, los vicepresidentes pueden ejercer su poder de control y sólo autorizar aquellas iniciativas que aprueben. ¿Cómo? Pues gracias a que sólo el presidente Juncker puede establecer la orden del día de las reuniones de la Comisión, y si un vicepresidente no le transmite que hay que poner ese tema en el orden del día el presidente seguramente no lo hará. En definitiva, parece ser que el poder de iniciativa legislativa ha pasado ―al menos, informalmente― de la Comisión a la “subcomisión” (tal como predecía nuestro buen amigo Parkinson). Para obtener más información, este artículo lo detalla aún más.

No sabemos si Juncker conoce las teorías de Parkinson, lo que está claro es que sabía que un órgano ejecutivo formado por 28 personas era excesivo (viniendo de Luxemburgo ¡le debería parecer una multitud!). Pero como cambiar los tratados de la UE y modificar la obligatoriedad de tener un representante de cada Estado Miembro a la Comisión era demasiado complejo, Juncker ha optado por un subterfugio en aras de la gobernabilidad de Europa. En consecuencia, los vicepresidentes a partir de ahora ya no serán meramente cargos ornamentales, sino que nos denotarán quien manda más en la Comisión Europea.

 

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Pau Vall i Prat


Pau Vall i Prat

 

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