Protestas en Ucrania

Más allá del dinero

La idea de Europa es, en cierto modo, un tanto abstracta. No sólo es abstracta por el importante desconocimiento que se tiene de ella, sino por los diferentes outputs que recibimos desde los medios, que en ocasiones, imprimen una visión un tanto parcial o sesgada de lo que es Europa. Una Europa que es, para muchos de los ciudadanos europeos, la culpable de muchas de las desgracias que nos azotan actualmente, mientras que es garante de muy pocas cosas favorables. Sin embargo, esa sensación que en ocasiones tenemos los propios europeos, es diferente de la que tienen aquellos que están fuera de nuestras fronteras.
Para refrendar esta argumentación, qué mejor que observar las imágenes que estos días nos llegan desde Ucrania.

Sí, Ucrania, aquel país del que la mayoría de nosotros, poco sabemos, más allá de algunos tópicos y datos inconexos: está lejos, cuanto menos lejos de la Europa clásica, en ese cinturón de seguridad con Rusia o con Asia, tuvieron una historia tormentosa, tienen gas y quizá petróleo y la mayoría de los ucranianos son rubios. Vamos, que no estamos lejos de parecer modelos en un certamen de Miss Mundo. Sin embargo, Ucrania nos ha enviado un mensaje a Europa. Un mensaje que ha de calar muy hondo en nuestra conciencia, sin por ello embriagar nuestro ego, actitud, ésta, a la que tenemos cierta propensión los europeos. El pueblo ucraniano, o mejor dicho, parte importante del pueblo ucraniano urbano, ha salido a la calle a protestar. Y lo ha hecho por varios motivos: el primero responde a un problema de democracia interna, de sentimiento de abandono democrático por parte de su gobierno; mientras que el segundo se dirige al exterior, mostrando sus preferencias entre dos maneras de entender el gobierno y la democracia. La manera rusa de hacerlo o la europea. Europa puede suponer para Ucrania, lo que en su momento supuso para Alemania, más tarde para Grecia, Portugal o España o con cierta proximidad temporal, para Rumanía, Hungría, Croacia, Bulgaria y tantos otros más. Europa supone estabilidad política, un paso más hacia la democracia y una manera de afrontar las políticas, diferente de la del resto del mundo. No digo que seamos mejores que nadie, ni tampoco se trata de políticas de izquierdas ni de derechas. Se trata de un modelo sin parangón que Europa exporta, y lo hace convencida de ello.
Ucrania ha recibido el dinero de Rusia, sus ayudas, su voluntad de aproximación, incluso su cariño, al modo ruso, eso sí. De Europa, ha recibido su cariño, al modo europeo también, sí ése de hoy te quiero, mañana cúmpleme todos estos requisitos. Y sus ayudas, claro que sí, no sólo Rusia sabe comprar con dinero, los europeos también, para algo se crearon los planes FEDER, pero evidentemente los números no son los de Rusia. Sin embargo, ninguna de estas razones han hecho que los ucranianos salgan a la calle con las banderas europeas.

La razón de este europeísmo es aquello inmaterial que significa Europa. El respeto de los Derechos Humanos, de la democracia y del estado de bienestar. Algo que Rusia no puede prometer, por ahora, y que aunque a ojos de los europeos parezcan asuntos con más retórica que verdad, de cara al exterior es el reclamo de aquello que significa el viejo continente y que es la mercancía más valiosa que Europa puede exportar al mundo.

 

Sobre el autor:

Eduardo Martínez Gil


Eduardo Martínez Gil

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